miércoles, 25 de agosto de 2010

El por qué

A mis 31 años he vivido en varios países de Europa, y en muchas ciudades diferentes. He conocido gente maravillosa y gente que me maravilla. He sufrido y he hecho sufrir.

Cuando echo la vista atrás pienso en la cantidad de cosas bellas que he visto. Sin embargo, sentirse extranjero en tu tierra es el precio del nomadismo. Ante las inevitables sorpresas que nos implanta el destino sin preguntar, las raíces son una de las pocas cosas a las que nos podemos asir.
Acostumbrado a cambiar de vida, quedo desnudo ante ella cuando no he sido yo quien eligió este cambio.

¿Y ahora qué? ¿Siempre la vida se sobrevive a si misma? A veces parecemos los instrumentos de un ente mayor con mentalidad propia que, por medio de diversos mecanismos de adaptación, se sacude en busca de su propia felicidad sin importarle lo doloroso de ese proceso. Nosotros, como sujetos con menor o mayor capacidad de actuación, sólo podemos esperar que sepa lo que se hace. ¿Es la vida autodestructiva o autoconstructiva? Ojalá sea lo segundo.

Mientras tanto, este lugar reflejará los efectos de una de estas sacudidas.

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